PROYECTO COMUNITARIO

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LA LUCHA DE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LUÍS GALINDO CÁCERES

El PROCESO CREATIVO PARA LA ELABORACIÓN DE UNA INVESTIGACIÓN

SE ENCUENTRA TAMBÍEN EN  la lucha de la luz de la sombra

Participante de Metodología de la Investigación:

A partir de la lectura La lucha de la luz y la sombra de Luis Jesús Galindo Cáceres responder a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué significa para Ud. tener una mirada integral del mundo?
  1. ¿Qué se suele definir por creatividad?
  1. ¿Por qué el autor considera que la investigación es un proceso creativo?
  1. ¿Qué capacidades debe tener una persona para que sea creativa?
  1. ¿Cree Ud. que es importante la confianza en si mismo para ser investigador? Por que? Razone y fundamente su respuesta.
  1. Según Galindo ¿Para qué y por que se investiga?
  1. ¿Existe una cultura de investigación en el ambiente educativo?

Nota: es importante que a partir del texto se realicen las siguientes tareas:

1.- Llevar estas preguntas respondidas a clase para su discusión.

2.- Elaborar una cuartilla de su reflexión personal para ser entregada al facilitador.

LA LUCHA DE LA LUZ Y LA SOMBRA

Autor: Jesús Galindo.

Nota: luego de la lectura del siguiente texto se sugiere responder las preguntas que aparecen al final.

Introducción al libro: Técnicas de Investigación en Sociedad, Cultura y Comunicación. México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Addison Wesley Longman. 1998

Sociedad, cultura y comunicación. Un punto de partida

Por una perspectiva teórico-metodológica. Heurística, ciencia y comunicación

Observar al mundo contemporáneo supone un esfuerzo de visión total de una ambición soberbia. Tanta información sobre una complejidad organizada en variados planos y niveles, multidimensional, polifónica y ante ella, la pretensión de saberlo todo de alguna manera. Ésta es una de las puntas del conocimiento sobre lo social, la que pretende estar por encima del mundo para observarlo más allá del tiempo y de la historia, del espacio y de la geografía, por fuera de la vida, desde un no lugar que una supuesta ciencia permite, el ejercicio máximo y definitivo de la alteridad, el programa de distanciamiento supremo que es coronado con el conocimiento de la globalidad. Mucho talento y energía se han invertido en este suspiro teológico de conocer la verdad final y determinante. Y por otra parte, el dentro de la vida, la resolución de lo que la percepción puede tocar y sentir desde el plano inmediato de la vida cotidiana. Aquí se presenta un proceso distinto al distanciamiento, casi el mimetismo, la búsqueda de la identidad con el entorno y sus aristas que lastiman y pueden ser limadas o evitadas. Otro programa, en el que los mundos se multiplican, porque el primero es pequeño y cercano y permite distinguir otros muchos, más allá de sus familiares fronteras. Y entre ambos programas, una multitud de paradojas y entusiasmos, de deseos y miedos, de aspiraciones y frustración.

Las miradas que observan a los mundos contemporáneos son muy diversas, las formas que las agrupan son parte del ejercicio de la mirada que mira a las miradas. En este escenario las apuestas también son variadas y urgentes. Un ramillete de opciones aparece ante el observador en busca de alternativas de atención. Este tipo de observación, de segundo orden, es el campo estricto de la reflexión metodológica. Y desde ahí opera el vuelo hacia un tercero o cuarto orden, la mirada que mira a la mirada que mira a la mirada que mira, y un aterrizaje en el primer orden, la pregunta por la mirada directa y sus condiciones de operación. Hoy en día el campo está abierto, las alternativas sobre la observación se configuran y reconfiguran, la labor constructiva sobre la mente que elabora mundos es el corazón de la acción teórico-metodológica. Y entonces, hoy como nunca antes, la intención que indaga se acecha a sí misma en forma permanente, creando, imaginando, ajustando, aprendiendo, volviendo a empezar. Pensar la metodología es hoy más complejo y profundo que antes, más diverso, intenso, estético, lúdico.

Los caminos para indagar dependen de la intención particular del sujeto de la acción, y del contexto de referencia en que ese sujeto se inscribe consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente. Así, algunos caminos se configuran en un acuerdo denominado ciencia, otros en uno llamado arte, religión, magia, o algún otro. Cada acuerdo tiene sus reglas del juego, su forma básica de acción y variantes cercanas y lejanas, estilos, ortodoxias y heterodoxias, comportamientos subordinados a las normas, y comportamientos de ruptura o herejía. Como sea el caso, todos ellos suponen un principio de autoridad, una cierta ley, y un ámbito de intersubjetividad y de puesta en escena de las normas y valores.

Es difícil asumir de pronto una postura ante el campo metodológico de la investigación de lo social sin el riesgo de un cierre excesivo de reflexividad. De hecho, eso es lo que sucede en cualquier acción concreta de indagación. Es una regla que la acción significa el cierre momentáneo de información y reflexividad que, de inmediato, puede abrir o cerrar posibilidades según el tipo de operación efectuada. La relación entre ciencia y heurística es una gran ayuda para configurar esta situación.

La ciencia aparece en este dueto con el papel de cierre, la imagen que el positivismo le ha ayudado a construir. Su puesta en escena es muy formal y requiere ser observable en todo momento, para ser efectuada y replicada. Este ejercicio es muy importante, permite que la reflexividad componga operaciones de alteridad observable, el que indaga necesita darse cuenta de lo que está haciendo todo el tiempo, lo logre o no. Esta configuración conforma un edificio de nociones y operaciones visibles a los ojos del investigador y de cualquier otro. De ahí que todo curso de acción reflexivo sea ajustable, mejorable, explicitable. El método es el camino general de este movimiento, y las técnicas son las operaciones concretas en cada paso. La teoría sería la proveedora de las metáforas que permiten conducir al camino y poner en forma la información obtenida técnicamente.

La heurística es abierta, busca indagar de un modo más libre. En cierto sentido es la base de la ciencia y su continuación. Es menos evidente en todas sus operaciones, respeta la intuición. Supone un ejercicio de creatividad semejante al arte. Es la que ensaya los nuevos caminos. Es una exploradora constante. Ciencia y heurística se necesitan, una más jurídica, otra más artística, y ambas enlazadas en la interacción entre indagadores y procesos, entre intenciones y resultados, entre descubrimientos y catálogos, inmiscuidas en la trama y la urdimbre de la comunicación.

Exploración del espacio conceptual y el árbol de búsqueda. La investigación como proceso creativo

El reto básico en la investigación es la creatividad, la capacidad de configurar posibilidades a partir de posibilidades. El pensamiento metodológico y tecnológico tradicional tiene más funciones de administración y control que de movimiento y desarrollo de trayectorias. Bajo la forma conservadora de la investigación, el mundo aparece como único y percibible en aproximaciones sucesivas que acercan a su conocimiento total y definitivo. El orden preexiste al acto perceptivo y la ciencia lo único que hace es descubrirlo, explicitarlo. Todo está configurado en forma fija y estable con ciertas variantes que pueden ser previsibles bajo estrictas condiciones de manipulación e intervención en las causas descubiertas. El punto es que no importa en sentido estricto que el asunto sea así o no, lo que importa son las consecuencias de esta visión. Si lo que aparece es percibido como estático, será estático en las operaciones y sentidos que se le atribuyan y con los cuales sea concebido. La perspectiva distinta también opera sobre la percepción y la acción en forma consistente. Dime cómo está configurada tu percepción y te diré cómo actúas y observas.

El peligro de la forma conservadora de investigación es que inhibe a la percepción de su potencial configurador creativo. Y de este modo, lo alterno no sólo no aparece sino que es impertinente a la imaginación. Todo el referente perceptual se estabiliza en patrones de memoria que fijan y reproducen formas de relación mente-mundo. En el caso de las ciencias sociales el efecto es tremendo, la tendencia es a mantener ciertos patrones de configuración y a empobrecer el cambio.

La investigación es un proceso de creatividad reflexivo. Es decir, al investigar acontece lo mismo que en el arte o en cualquier otra actividad creadora, pero con una diferencia sustantiva, el autor creador se observa con atención durante el movimiento de su intención a través del espacio conceptual e imaginario durante la acción indagadora. El investigador es un creador altamente reflexivo, un observador que nunca pierde detalle de lo que le sucede a su interior y de lo que acontece en su exterior.

La creatividad consiste, en pocas palabras, y según una imagen configurada en la indagación sobre el tema de la ciencia de la inteligencia artificial, en la exploración de un espacio conceptual a través de cierto árbol de búsqueda. El espacio conceptual es el ámbito de las imágenes y conceptos de la cultura que configuran la ecología de información y comunicación del sujeto explorador. El investigador social explora en diversos ámbitos del espacio conceptual posible, lo hace desde el mundo semicerrado del campo académico-científico, y se mueve hacia la percepción y construcción cognitiva de mundos sociales construidos por diversos actores y ámbitos colectivos. En este sentido, aunque su punto de partida es el reconocimiento de los mundos percibidos como vívidos, no sólo construye hipótesis o metáforas lingüísticas y discursivas de la estructuración de la diversidad y la complejidad, sino que también interviene en la configuración misma de los mundos así construidos, a partir de las interacciones posibles que pueden concurrrir en su relación con la reflexividad y los procesos creativos de configuración de lo social de los actores que observa y con los cuales se comunica. Investigar no es solamente conocer desde cierta perspectiva, también es hacer en el sentido de las posibilidades que abre el proceso de observación reflexiva que tanto el investigador como los otros actores sociales promueven en su acción creadora.

La investigación social es creativa en varios sentidos. Básicamente en dos. El investigador explora el mundo social en los múltiples fondos de significado y configuración que lo conforman, y con ello sintetiza imágenes y conceptos sobre lo social que permiten nuevos efectos perceptuales. Además, y sobre todo, tiene la opción de relacionarse con los actores sociales y sus procesos de exploración, interacción que permite promover actos de creación colectivos en la puesta en escena de la comunicación. Será la situación social indagadora la que impulse los procesos creativos grupales y, más allá, será la cultura el espacio conceptual explorado mediante cierto árbol de búsqueda que puede constituirse por la metodología y la tecnología de la investigación social; y será la ecología de las relaciones y percepciones percibidas mutuamente en la comunicación posible, la que permita el movimiento creador.

La metodología y la tecnología de la investigación social aparecen en el curso apuntado como partes importantes del árbol de búsqueda. La versatilidad de dicho árbol es clave en todo el asunto. Con paquetes técnicos pobres y pobremente manejados, la exploración es mínima y la creación inexistente. Con la metodología pasa igual. Promover ambas se convierte en una prioridad urgente para la vida social. Acercarlas a los árboles de búsqueda del sentido común es un reto. Configurarlas de manera tal que incrementen posibilidades en acción y comunicación al tiempo que en imaginación y reflexión, es el sentido mismo de la ciencia social reflexiva.

La creación no es una parte más del oficio de investigar en sociedad, es su sentido central. La vida en sociedad supone y requiere otros elementos de control, pero sólo sobrevive cuando cambia, y sólo cambia cuando se crea a sí misma. La ciencia social aparece para promover ese acto creador.

Los niveles y dimensiones de percepción de lo social-humano. La sociedad, la cultura y la ecología. La comunicación.

La metodología supone siempre una teoría, una guía de imágenes y deseos de sentido que ponen en forma a la información configurada en la tecnología de paquetes técnicos. La propuesta de relaciones entre estos componentes del proceso de investigación social que aquí se presenta, también requiere un apunte teórico que vincule los juicios del orden del método y la técnica con imágenes del campo perceptivo sobre lo social.

Ahora, el punto es presentar los rasgos generales de una apuesta teórico-metodológica que permite ordenar los diversos paquetes técnicos. Ese orden se corresponde con una mirada que se descompone en tres dimensiones de organización de la información sobre lo social, lo que corresponde a la sociedad, a la cultura y a la ecología. Cada dimensión se ordena en niveles de complejidad, los cuales son útiles para ubicar objetos particulares de observación y configuración reflexiva.

La dimensión de la sociedad se refiere a lo más evidente de la composición, lo que aparece a la mirada del observador que inicia una indagación. Es el plano de la observación de lo que se ordena según el objeto cognitivo exploración y/o descripción. La dimensión de la cultura es lo que se encuentra más allá de lo evidente, la estructura que configura en poco a la diversidad y heterogeneidad de lo social. La dimensión de la ecología es lo más amplio de toda la observación reflexiva, lo que permite relacionar lo social-cultural con lo no social ni cultural, lo que marca los ámbitos generales de configuración de la escena humana, lo que marca los límites de lo humano y lo no humano. Las tres dimensiones se componen de niveles de abstracción y de complejidad en la configuración y la trayectoria.

La dimensión de la sociedad supone la extensión fenomenológica, una superficie de información que se corresponde en forma isomórfica con el plano de referencia en observación. Por tal motivo, supone una metodología que permita desplazarse a la observación en el tiempo y el espacio sociales con la mayor velocidad, como en el caso de la encuesta estadística, o con la mayor precisión y detalle, como en el caso de la etnografía. La imagen es la siguiente, un investigador inicia su observación desde un lugar y un tiempo, requiere moverse físicamente para observar y registrar por sí mismo el espacio-tiempo sociales, o necesita medios instrumentales que le permitan obtener observaciones semejantes con la misma eficiencia. O requiere conocer lo que sucede simultáneamente, lo cual le es imposible mediante sus propios ojos sin ningún medio técnico extra. Esta dimensión fenomenológica es la que se cubre con los paquetes técnicos de superficie.

El investigador no sólo requiere conocer lo que pasa, aunque ese es siempre su punto de partida. En cuanto obtiene un registro en superficie inicia la organización de información que le permitirá hacer conjeturas sobre por qué aparece así y no asado lo registrado. Esta es la dimensión de la cultura. El supuesto es que hay formas, en un nivel de patrón, que cubren una extensión de fenómenos que permite separa lo estructural de lo estrictamente fenoménico. El investigador busca entender lo que sustenta, lo que aparece, lo que organiza y compone lo diverso y único en ciertas formas generales. Esto implica paquetes técnicos que ordenan la información fenoménica de forma tal que se jerarquizan e inducen imágenes de orden.

La cibernética de segundo orden propone que en el primer nivel de complejidad, el que corresponde a la sociedad, tenemos relaciones de contigüidad básicas, de presencia. En el segundo nivel configuramos relación de relaciones, algo así como un árbol que dé las ramas fundamentales y dé sostén estructural. Hay un tercer nivel, es lo contrario al primero, no es superficial, no es fenomenológico evidente, no se configura en extensión. El tercer nivel llega al tronco del árbol, identifica el centro organizador de lo diverso, y además lo relaciona con otros árboles y el contexto del bosque y la región, hasta llegar al posible cosmos así configurado. Esta es la dimensión de la ecología, la más ambiciosa y hermosa del plan, la que permite configurar redes de relación de relaciones. La complejidad es enorme, incluso mayor en número que la extensión uniforme y finita del primer nivel. Esta dimensión supone paquetes técnicos de una gran sofisticación, por las relaciones múltiples y simultáneas que proponen para mirar la diversidad organizada. Algo así como la teoría del caos.

En ciencias sociales tenemos el primero y segundo nivel con cierta claridad, el tercero es aún un nivel posible. Esto en tanto aparece un observador que se exterioriza a lo que acontece y observa a la distancia y concluye en hipótesis. En cuanto el observador se mueve en el interior de la trama social la situación es otra y aparece el tercer nivel en toda su magnitud. Es la rama misma de las observaciones interactuando la que configura la ecología social. Una ecología baja en observación reflexiva o en interacción perceptual se configura mejor desde afuera, el caso contrario impide su manipulación desde el exterior y sólo el movimiento social mismo produce el proceso de tercer nivel. Como podrá observarse aquí aparecen dos puntos de vista no del todo reconciliables, uno apunta hacia la división social entre los que reflexionan y los que no, el otro promueve la reflexión particular y general de todos los integrantes de la ecología social.

Cultura de investigación. ¿Por qué y para qué investigar?

De la sociedad de información a la sociedad de comunicación. La sociedad cerrada que se abre

La investigación depende del tipo de sociedad donde se realiza, de la cultura y de la ecología específicas. Decir algo así no tiene gran problema, el punto es desplegar la argumentación sobre esas dimensiones con relación a la actividad reflexiva de segundo nivel. No será lo mismo vivir la experiencia reflexiva en un medio que no promueve las preguntas, que incluso las inhibe o reprime, a vivir en una ecología donde la vivencia estética es el corazón de las relaciones humanas, donde abrir la percepción y enriquecer la conciencia son actividades centrales e indispensables. Lo esencial puede expresarse en el orden de prioridades, la coartada es que nunca habrá tiempo para lo secundario, y que lo primario siempre será más importante. También puede expresarse con relación a determinismos fatales ante los cuales nada se puede ni debe intentar. El asunto es que todo queda en el ámbito de lo relativo cuando se mira la diversidad humana en lo social, lo cultural y lo ecológico, y aparece la imagen de lo posible como horizonte de lo realizable. No hay forma humana definitiva, todo puede cambiar, cualquier forma puede ser modificada a voluntad.

De acuerdo a la tipología social en cuatro tipos, comunidad de información, sociedad de información, sociedad de comunicación y comunidad de comunicación, la sociedad mexicana como parte de un movimiento global transita del segundo al tercero en forma compleja y particular. Es importante caracterizar en breve este proceso para ubicar a la investigación en su devenir. Así, pues, un marco sociohistórico viene bien.

La sociedad de información es la forma cerrada de lo social. Se configura en el agrupamiento de conglomerados humanos en lugares acotados y ordenados, las ciudades, jerarquizados y controlados por lo más alto de la jerarquía. Sociedades con centro que gobierna la periferia, donde los pocos toman decisiones por los muchos. Forma social donde las mayorías delegan autoridad en una minoría. Forma social que cruza casi la totalidad de la historia humana en teocracias, monarquías, imperios, dictaduras, y casi todas las macroformas de organización colectiva, incluyendo las democracias occidentales actuales. La sociedad de información tiene una característica clave, unos manejan la información sobre el todo, son los únicos que pueden actuar sobre el todo, y por tanto necesitan medios que les aseguren el control, el principal es la información sobre una masa previsible y manipulable.

Las sociedades contemporáneas son de este tipo, durante el siglo XX se han desarrollado tecnologías y saberes diversos que promueven el que esa parte que decide tenga la mayor y mejor información para decidir y actuar según sus intereses. En tanto, las mayorías consumen y obedecen, cumplen el guión dictado por sus élites conductoras. Las formas de este tipo social no están agotadas, el futuro tiene un lugar aún para la sociedad de información.

Lo importante es que la investigación social emerge en el momento en que mayor necesidad hay de un control rápido y eficaz de una masa que siendo homogénea desde cierto punto de vista, en general, tiene diversos grados de heterogeneidad. El mercado es el gran nicho ecológico de este nuevo escenario. La investigación es indispensable para que unos sepan de todos, y esos todos puedan ser dirigidos en sus comportamientos por esos unos. Ese es el lugar general de la investigación en nuestro medio.

Frente a este escenario aparece el proyecto de la modernidad occidental, la sociedad de comunicación, la sociedad abierta, la compuesta por ciudadanos libres y participativos, la de individuos críticos y reflexivos. La paradoja es que entonces nace la ciencia social, pero no para promover la sociedad de comunicación solamente, sino para ser instrumentada para la sociedad de información. La democracia es la cualidad central de este tipo social, para su movimiento requiere del diálogo de los iguales, del acuerdo entre los distintos pero tolerantes para un gobierno más horizontal. El asunto lleva poco más de dos siglos y aún batalla por abrirse paso en la forma dominante.

La sociedad de comunicación supone un manejo distinto, pone énfasis en la relación más que en el contenido. No importa tanto lo que sabemos de los otros y lo que podemos hacer sobre los demás con ese saber, lo importante es el acuerdo de diálogo y concertación con los demás sobre a lo que a todos compete, poniendo en juego todo el saber posible para un mejor diálogo y una mayor decisión concertada y ejecutada. La investigación en este tipo social se separa del anterior sustantivamente, ya no es el control y la dominación lo importante, lo básico es el autocontrol y la comunicación. Una investigación social donde las formas del diálogo, del escuchar, sean el centro del trabajo reflexivo aún es escasa, casi inexistente, pero existen iniciativas emergentes en ese sentido.

La situación actual en México es consistente con los dos escenarios presentados, la sociedad de información es la dominante, la de comunicación la emergente. La investigación toma algún lugar en esta bifurcación, por una parte mantener la situación ecológica general, por otra parte promover la democracia y la reflexividad como formas elementales de convivencia.

De la cultura de información a la cultura de comunicación. Dominación frente a comunicación y democracia

Los grandes tipos sociales configuran los marcos ecológicos generales de la vida social y cotidiana. Para llegar a la observación de las situaciones particulares que la conforman se requiere de otra mediación perceptual que permita identificar las estructuras que ponen en forma las energías que llevan a constituir una u otra forma general ecológica. Esa mediación se configura en las imágenes de cultura de información y cultura de comunicación.

La cultura de información representa las tendencias en el comportamiento a la búsqueda, manejo y distinción de la información pertinente para la acción. Todo actor social requiere de cierta cultura de información para relacionarse con los demás, para vivir en sociedad. Esta cultura será la adecuada cuando el ajuste situacional entre la acción y el objeto de la acción se verifiquen con consistencia. Para comer se requiere cierta información, si la gente cumple con el objetivo es que tuvo la información pertinente a tiempo. En general nuestra cultura de información es la suficiente para sobrevivir y sobrellevar el curso de vida en el cual nos movemos. El punto es que dicho curso puede ser reconocido si aparece cierta información, o si el sujeto la busca. Las situaciones cambian si la información sobre ellas se configura en forma distinta.

Por otra parte, la cultura de información adquiere su verdadera profundidad cuando se la observa en sectores sociales distintos y en forma comparativa. Ahí se perciben diferencias que están lejos de ser causales o circunstanciales, más bien son consistentes con la ecología social general. Así, unos sectores manejan sólo cierto tipo de información sobre ciertos ámbitos de la organización social, y otros tienen un espectro más amplio. Esto permite que unos puedan percibir y decidir más allá de lo evidente, y otros no. Su cultura de información es distinta, su configuración y complejidad es diferente, el efecto de sus saberes sobre la vida social es desproporcionado.

La investigación social forma parte de las formas de la cultura de información. El saber sobre lo social se distribuye entre la población de manera disimétrica, a algunos les llega más información y a otros menos, por otra parte, unos buscan y necesitan más información que otros. La situación no es objeto de acción de la investigación tradicional, pero la investigación reflexiva de segundo orden intenta promover en los actores sociales una mayor cultura de información, una más intensa, superior y, sobre todo, una mejor distribución de los saberes estratégicos. El derecho de la información es parte de la investigación reflexiva, no es asunto pertinente en la investigación tradicional.

El asunto se pone más interesante con la cultura de comunicación. La sociedad de información tiene una muy baja cultura de comunicación, le interesa más el flujo de datos en ciertas direcciones, que constituir formas sociales de encuentro y diálogo. La razón es simple, una organización con trazos verticales no incluye a los horizontales mas que en un orden secundario y subordinado, como en el caso de las democracias actuales.

En la sociedad de comunicación se invierte el orden de subordinación prioritaria y primaria, la información depende de la comunicación. La información sigue teniendo una importancia clave, pero es estructuralmente más relevante lo que hacen con ella en interacción dialógica los actores. Es decir, el flujo de información no se mueve en una dirección predominante, se reconstituye en cada nodo interactivo. Esto supone una organización más compleja, así como un gasto de energía más alto en la interacción. De la misma manera, conlleva ciertos elementos de transformación en toda la vida social, en sus valores y objetos prioritarios.

La investigación social se modifica sustancialmente con el aumento en la cultura de comunicación, y en tránsito a una sociedad de comunicación. Indagar sigue siendo un oficio relevante, pero su ubicación en la organización no está sólo cerca del centro de control, se distribuye en el todo social que ahora tiende a multiplicar los centros de autocontrol, y a necesitar más los nodos interactivos para llegar a acuerdos o sólo para participar colectivamente de la reflexividad de cada lugar que se auto-organiza. La configuración de la observación reflexiva se torna horizontal y con ello las reglas del juego cambian drásticamente.

En México la cultura de información es baja, sólo se tiene la necesaria para irla llevando, el patrón de búsqueda o de exploración es casi inexistente como norma general. En contraste, ciertos sectores minoritarios aprenden con cierto desorden a manejar más y mejor información y toman decisiones sin información suficiente y adecuada. El panorama en la investigación es patético, sólo unos pocos lugares la emplean para potenciarse como tomadores de decisiones. La imagen general es la de una sociedad dependiente inmovilizada.

En el caso de la cultura de información al asunto es peor. Hay un dictador en potencia en cada individuo, un pequeño tirano en cada lugar de autoridad. El diálogo es una ausencia constante. Y aún así, hay un movimiento que busca redes horizontales de relación y organización. Este movimiento inicia la cultura de investigación como una actividad colectiva, reflexiva y dialógica.

De la cultura de investigación

Este es un nuevo punto de partida, la pregunta por la situación de la cultura de investigación contemporánea, en particular en el medio mexicano. La escena es casi de risa. Por una parte, las vidas particulares de millones de personas navegan sin ningún vínculo con la formalidad académica y con una creciente dependencia de los resultados de la investigación fuera de nuestras fronteras; lo que se observa sobre todo en la tecnología de uso doméstico. Este es el grado cero de la situación pero hay más.

Una segunda escena la componen los investigadores académicos del país, aislados casi por completo del movimiento social en cualquiera de sus manifestaciones, produciendo para una institucionalidad que les cambia sus esfuerzos por premios, algunos reconocimientos y una mínima garantía de carrera profesional dentro de unas reglas del juego que tienden a formalizarse para hacer más seria la cosa en un sentido oficial.

Una tercera escena puede ser la compuesta por los ejecutivos de investigación de las compañías especializadas, en el sector privado, y sus pares dentro de la carrera burocrático-política, en el llamado sector público. Ahí se hace lo que mandan los jefes, para obtener alguna ganancia económica o política el investigador cumple con sólo acatar las órdenes que se le dan.

Existen otras escenas y más cuadros que cruzan actores, guionistas y directores dramáticos. Un comentario posible del resultado sería lo contenido en calificativos como dependencia, control, indiferencia. La cultura de investigación es una forma social subordinada a otros órdenes de configuración social una forma secundaria que no parece útil, que no se entiende, que no tiene calor pragmático evidente y que se manipula a cada paso, se ignora o simplemente permanece aislada.

El aspecto más interior de la cultura de investigación también es preocupante. Si, por una parte, la investigación conforma una pequeña aldea en el universo social, con relaciones de alta subordinación, discriminación y falta de comprensión, por otra, lo que sucede dentro de la aldea está sobredeterminado por las condiciones exteriores. Siempre con excepciones y con una apariencia de trabajo ordenado y sistemático, lo que sucede en la investigación académica, y en la otra, se parece mucho más a un proceso sólo administrativo y de movilidad burocrática que a un ejercicio creativo de exploración y sensibilidad estética.

El punto culminante de esta pequeña reseña toma tierra con la parte medular del proceso investigativo, la metodología y la tecnología. Para empezar, todo lo que sucede en el país se mueve bajo los parámetros y normas de control de calidad de una legislación exterior. Las miradas siempre se dirigen hacia fuera cuando de método y técnica se tiene que hablar. Por otra parte, el ensayo de estos medios es siempre sólo una mínima parte de lo que podría ser. La exploración metodológica y tecnológica es mínima, se tiende a operar con lo mismo, de la misma manera, y cuando más abierto aparenta ser el ejercicio forma parte de una moda, de algo que no se profundizará y será abandonado al poco tiempo.

En esta dimensión, la cultura de investigación muestra su rostro más descarnado, si en lo propio, su mundo interior, su espacio cultural específico, no hay apertura ni exploración, qué se puede esperar de la investigación en su convocatoria hacia el resto de información y de comunicación más intensas. La investigación se separa de la política, la investigación social con mayor razón, pero la política interna, la elemental, la de lo cotidiano del investigador, esa es la menos reflexionada, la menos observada, la más ciega, la más inmovilizadora y corrupta.

Hay una dimensión más, de singular configuración, la que se refiere a la perspectiva general sobre el investigar y sus fundamentos y proyecciones. El siglo XIX fue muy rico en propuestas y polémicas en este sentido, siempre europeo, participando de la hegemonía mundial del sistema de vida europeo. El don más reconocido de ese siglo, hacia finales del presente, es la acuñación positiva de la noción de ciencia. Esa forma del conocimiento que sustituiría al dogma religioso, según declara la leyenda, y que permitiría dar su lugar al proyecto de humanidad que promovió el espíritu romántico hasta el desastre de las dos guerras mundiales del siglo XX, según continúa diciendo la leyenda. Pero este sentido de ciencia, basada en la verdad, en la objetividad, en la pureza de la intención indagadora, se evaporó en el tránsito del antiguo régimen al mundo de la postguerra. Desde la filosofía, el pensamiento reflexivo de la física y las matemáticas, todo cambió, el observador constituye la calidad de lo observado, le confiere existencia, sólo la crítica y la imaginación pueden hacer consistente el oficio de la ciencia. La verdad no existe, sólo existe la percepción y sus juegos cognitivos; la objetividad es sólo un momento de la reflexividad que es un movimiento constante de la observación, en el mundo social los objetos de observación no son mudos, también reflexionan y hablan, el dominio de la ciencia positiva se transforma en la interacción democrática de la comunicación. El tiempo pasó, el mundo cambió, la ciencia es otra.

El panorama actual es de una riqueza impresionante, la libertad vuelve a tener un lugar, pero no es una obligación social, es una condición del juego, de la crítica, de la creación, de la imaginación, del diálogo, del crecimiento de la mente ecológica en cada uno de sus componentes holonómicos La cultura de investigación es de todos o es una fachada sospechosa.

Tecnología, metodología y epistemología

Los niveles de relación entre sujeto de conocimiento e interacción.

Aquí la pregunta es casi pedagógica, ¿quién conoce y qué sucede entonces? También es un punto de partida cartesiano, el que se da cuenta que conoce se interroga sobre lo sucedido. Pero no es sólo eso, el proceso de conocimiento va más allá, desborda pronto el continente del individuo e interconecta redes, formas plasmáticas de percepción y entendimiento. No hay interior sin exterior, no hay exterior sin interior, las preguntas necesitan ser más audaces, el conocimiento no es sólo la relación de interiorización de un objeto por un sujeto, las categorías ahora son otras, la resonancia mórfica, la comunidad holográfica, el nuevo pensamiento pretende ver más allá de lo evidente con imaginación y valentía.

La historia de la ciencia y la filosofía de la ciencia están en una revolución desde la emergencia de la perspectiva cognitiva y las formas críticas de la cibernética de segundo orden. Nada volverá a ser lo mismo, todo el pensamiento está en revisión, lo que se veía como lugar común hace una o dos décadas tiene nuevas facetas y percepciones posibles. El futuro vuelve a existir como una forma de la creación, el pasado también tiene el mismo status. El sentido puede ser configurado de diversas formas sin el ahogo de la incertidumbre o la confusión. No más verdad, sólo posibilidades, desde la teoría y el mundo práctico.

Un movimiento tal afecta la reflexión metodológica y tecnológica de la investigación en forma intensa y devastadora, aunque no al mismo tiempo y en impactos semejantes a todas las áreas. En el caso de la investigación social el fenómeno podría decirse que recién inicia, aunque está configurado desde el inicio del pensamiento sociológico, en aquellos tiempos decimonónicos del enfrentamiento de la sociología y el socialismo. Hay formas que tardan mucho tiempo en adquirir su evidente profundidad, quizás un siglo sea aún poco tiempo para lo que viene, y lo paradójico es que el programa estaba bosquejado casi desde el principio.

En el principio fue el positivismo, con su certidumbre de que el mundo puede ser conocido, que es único como único es el conocimiento sobre él. Las ciencias naturales avanzaron con velocidad en la demostración pragmática de que la configuración de la naturaleza poseía regularidades que era pertinente explicitar. Ese fue el modelo, las ciencias sociales también se dedicaron a ensayar proposiciones de leyes generales sobre el comportamiento social. El esquema suponía una separación tajante entre el observador y lo observado, requería de esa distancia para afirmar que un sujeto estaba conociendo a un objeto, y que el único que tenía cualidades de reconfiguración reflexivas era el sujeto. En el caso de las ciencias físicas y naturales la imagen tuvo cierta utilidad, la superioridad de lo humano estaba fuera de toda duda, pero en el caso de lo social la propuesta estuvo envuelta en la polémica desde el principio.

Si bien a cierta mentalidad le venía justo el observar lo social como un mundo-objeto que se diseccionaba con pulcritud y sistema, a otras mentalidades les pareció inconveniente, los actores sociales también significan, hablan, son reflexivos y no caben en la misma categoría del afán clasificador sobre rocas y pájaros. En este conflicto de visiones se configura lo que hoy conocemos como el pensamiento hermenéutico, el que interpreta, el que se mueve en significados no en datos, el abierto en forma permanente frente al cerrado positivo. Pero había más.

Este aparentemente irreconciliable enfrentamiento tenía en común un elemento, al sujeto de conocimiento. Se partía de la experiencia directa y obvia de la vivencia individual del conocimiento. Tanto los positivistas como los humanistas hermenéuticos ubicaban la sede del conocimiento en la mente individual, la diferencia era que unos concedían mayor subjetividad a los actores sociales que los otros. De cualquier manera, el camino al reconocimiento de la reflexividad como cualidad humana y social generalizada y promovible estaba abierto.

Sería hasta la emergencia del pensamiento cibernético cuando parte de la discusión se aclara en un tercer escenario, o segundo, según se vea. Los actores sociales pueden ser observados como obetos-cosas, y de esa observación obtener cierto resultado que permita actuar sobre ellos considerándolos objetos-cosas manipulables, y tener éxito en la empresa. También pueden ser observados como subjetividades que toman decisiones y tienen capacidad de reflexionar sobre su situación, lo que los configura como seres más libres y autónomos de la voluntad de dominación. Esto convierte al pensamiento social en un juego de ajedrez donde se trata de prever el movimiento reflexivo del otro. Pero sucede que tanto el aparente observador solitario como los observados reflexivos, pueden observarse observando, y comunicarse en dicha situación reflexiva de segundo orden. Esto mueve a las ciencias sociales hacia otra parte, integrando las fases anteriores como de menor complejidad, y proyectándose hacia una configuración de redes de interacción que se hacen y rehacen según los efectos en la acción de los contactos comunicativos reflexivos.

En este plano no hay dominación absoluta posible, lo que se abre es el horizonte de la autopiesis social, una sociedad reflexiva que se auto-organiza sin centro ni control absoluto.

La teoría, la metodología y la acción técnica concreta en investigación. La búsqueda del sentido reflexivo organizado

La configuración sobre la investigación social que abre la cibernética de segundo orden compromete a un ejercicio más atento del proceso y de las operaciones concretas, al tiempo que exige un esfuerzo extra de visión más allá del proceso y de las acciones particulares. En este nuevo nicho, las relaciones entre teoría, metodología y operación técnica se reconfiguran con mayor claridad. Esto sucede porque el ejercicio reflexivo es más intenso, y se requiere de la auto-observación constante. Lo que pasa con todo esto es que cada proceso concreto es único, alimentado por las experiencias previas, y alimentador de las futuras. Es decir, estamos ante una forma de trabajo que se auto-organiza en la interacción entre la práctica y la previsión teórico-metodológica, además de la relación con los otros. La investigación toma así la forma de un proceso en movimiento constante, en cierto sentido hay un principio, pero después sólo aparece el movimiento y sus resultados parciales. El investigador es un viajero de la creación y la exploración, cambia a cada paso, aprende, se modifica a sí mismo por la auto-observación reflexiva, no repite una operación de la misma manera, es parte de la propia trayectoria auto-organizadora de lo social. La interacción de él con él mismo y de él con los demás, lo agrega al movimiento social, la investigación social pasa a formar parte del movimiento social mismo en su proceso de auto-organización.

Aún así, todo tiene un principio, un punto de partida. Para este caso es necesaria una imagen de un esquema de propaganda de los elementos básicos de la configuración dinámica mostrada. Estos elementos son las imágenes parciales de la tecnología la metodología y la epistemología de la investigación social.

La tecnología configura los paquetes técnicos con los cuales el investigador opera en la relación de su mente con el mundo explorado y construido. Estas operaciones pueden ser de diversos tipos, su oferta es variada y aún espera un ejercicio de orden y catalogación analítico-reflexiva. Este catálogo sería sólo un punto de inicio, pues de inmediato aparece la labor concreta de investigación que combina y ajusta la oferta a las necesidades de indagación. Sea el caso que sea, por tecnología estamos entendiendo lo más concreto de la operación de investigación. El cómo de la acción indagadora.

En la tecnología se incluye todo tipo de operación, desde la más elemental hasta la más sofisticada. Para darnos una idea de lo que se trata, imaginemos la descripción detallada de todo acontecimiento relacionado con la tarea de investigar. En algo así como una etnografía de la investigación aparecería una enorme cantidad de acciones concretas de distintos investigadores. El segundo paso sería ordenar en paquetes lo que en cada caso se operó. El procedimiento seguiría en esa línea hasta obtener formas estables construidas a posteriori sobre cómo trabajan la investigación un grupo o comunidad de investigadores. En el a priori posterior, un aprendiz de investigación tendría ante sí un menú de esas formas para escoger y configurar la propia y adecuada al proyecto que quisiera iniciar.

La tecnología de investigación está asociada entonces a la acción y, por lo tanto, es la investigación en sí, nada de especulaciones o deseos, nada de supuestos y propuestas, sólo la acción concreta. Como podrán imaginarse los lectores, en ocasiones hay una gran distancia entre lo que se supone pretende el investigador y lo que concretamente hace. De ahí que las decisiones sobre la acción sean las básicas, ahí se cocina todo, ahí se verifica, no hay coartada ni disculpa, sólo acción.

El asunto de la metodología es de un orden lógico diferente, responde a la pregunta de por qué se hacen las cosas así y no de otra manera. Se entiende que aquí se configura la guía de operaciones, muchas de las cuales pueden intercambiarse sin modificar sustantivamente el resultado, tal vez sólo un poco. El punto es que aquí es donde opera el estratega, el visionario de la investigación a corto plazo, por el tiempo que dura un proyecto particular.

La metodología decide el camino general donde las operaciones concretas representan los pasos particulares. Cuando los pasos se van agrupando en sendas parciales hay un punto donde se integran en la estrategia general; la decisión sobre los paquetes técnicos es la base de la acción estratégica, existen decisiones por encima de ella, y hacia el interior de los paquetes. Todo este juego de decisiones puede denominarse como metodológico pues está en referencia a la totalidad del camino por recorrer, aunque sólo se refiera a una parte de él.

La epistemología se ordena en una dimensión superior a la metodología pero íntimamente relacionada con ella y con la tecnología. Ahí se define el para qué y para quién se hace lo que se hace. En este punto la investigación se mueve de su foco lógico interior y desplaza su atención hacia el mundo social donde actúa. Para muchos este punto es irrelevante, asunto de la política, fuera del oficio elemental de investigación. Como sea que fuere está ahí y afecta, asumiéndolo o no.

Es importante percibir en forma integrada las tres dimensiones, la operación concreta no está separada de la lógica estratégica general, ni de la interacción que promueve con el mundo social. Es más, la nueva investigación supone la relación de los tres configuradores cuando define la interacción social reflexiva como el escenario y el objeto de la acción de investigación.

Los paquetes técnicos. Operación concreta y mundo asociado y suturado perceptualmente por ella

Todo parte de la acción y se ve afectado por ella. La decisión sobre la selección de los paquetes técnicos pertinentes para una investigación determina la configuración de todo el proceso. Y siendo esta una operación del orden metodológico, supone un conocimiento de los caminos posibles a seguir ante un asunto por explorar. Este conocimiento implica una mínima experiencia con el transitar por distintos caminos, una vivencia de lo que sucede cuando se camina por una senda o por otra. Esta es una condición que muy pocas veces se cumple, la tendencia es más bien avanzar una y otra vez por el mismo camino ignorando opciones, e incluso renegando de ellas a pesar de la ignorancia. La tesis aquí es que lo básico es conocer rutas ya exploradas, ensayar su vivencia y actuar en todo momento en forma reflexiva y autoreflexiva. Un investigador también es un explorador de su oficio, además de un explorador de los mundos sociales.

En este marco, el conocimiento de los paquetes técnicos es elemental. Iniciar una exploración vivencial en un vecindario sin conocer el paquete técnico etnográfico es un error mayor, argumentar eficiencia en tales situaciones una estupidez rotunda. La cultura de investigación específica del investigador se configura por el conocimiento, imágenes y conceptos del espacio-tiempo social que conforma su referente de trabajo, su mundo de trabajo, pero también, y sobre todo, por el árbol de búsqueda con el que explora ese espacio-tiempo. Ese árbol de búsqueda es su conocimiento y experiencia en los paquetes técnicos con los cuales puede moverse dentro de su espacio-tiempo social. Entre más pobre sea su árbol de búsqueda más pobre será su exploración o, cuando menos, será más pobre su espacio de posibilidades de exploración.

El orden de configuración de los paquetes técnicos depende del criterio con el cual se les asocie a los niveles de relación entre el sujeto de conocimiento y la interacción social. Este primer bosquejo se complementa con la combinación de niveles y paquetes que se establezca para una investigación concreta. Las rutas concretas de trabajo así configuradas son múltiples, las combinaciones y las modificaciones están en proporción de la experiencia, el conocimiento y la capacidad creativa. El proceso de investigación es un balance entre competencias administrativas, lógicas y creativas.

En principio, la decisión sobre el paquete técnico pertinente depende del objeto cognitivo correspondiente y el curso metodológico-epistemológico de todo el movimiento. Si interesa moverse sólo a nivel descriptivo y de superficie de comportamiento, el paquete estadístico y su combinatoria en el más sofisticado paquete encuesta puede ser adecuado, sobre todo si la reducción requerida de la superficie social se propone en número, cuantitativa. Si lo que se busca es superficie exhaustiva, una representación de situaciones en imágenes más icónicas, más parecidas a lo que un observador en el lugar puede registrar, será conveniente el paquete etnográfico. Ambos, el estadístico-encuesta y el etnográfico parten del observador que da cuenta del acontecer social como dato.

La lógica previa se configura en la distribución, es decir, en la presencia-ausencia de cualidades que pueden o no ser contabilizadas. El asunto se complica cuando el nivel pasa de superficie a estructura, entonces se requieren paquetes que puedan manejar significados, construir nuevas categorías, organizar grupos de categorías en esquemas y constructos. Todas las técnicas de análisis de discurso son pertinentes aquí, aquellas que trabajan con el lenguaje, las que se aproximan al eje de la interpretación hermenéutica, de la significación de lo observado.

Los objetos cognitivos de la comprensión y la explicación se van organizando en paquetes de lógica positiva o hermenéutica según el caso, y la sofisticación de los paquetes aumenta. Cuando la reflexividad del actor social se toma en cuenta, estamos en una dimensión que se adentra en la interacción entre participantes del proceso de investigación. Así, los paquetes de historia de vida, historia oral, etnometodología y grupos de discusión, están de lleno en la operación reflexiva que afecta tanto al investigador que la induce como al actor social que la realiza. La relación con la vida social en vivo y espontánea es intensamente mayor.

Los umbrales de la interacción se traspasan por completo cuando el status del investigador pasa a segundo término y es la interacción misma entre los actores sociales y su reflexividad lo que importa. El grupo de discusión está cerca, la historia de vida también, pero el socioanálisis y la investigación-acción están dentro por completo. Ahí el objeto cognitivo es la interacción misma, la comunicación. Lo que sucede en ciertas psicoterapias se configura socialmente, los actores toman su proceso reflexivo y se mueven con autonomía en su propia exploración creativa y activa.

Como puede observarse, los paquetes técnicos se configuran con cierta afinidad a ciertos objetos cognitivos, los que definen el programa de investigación, pero también pueden ser combinados según la iniciativa y audacia del investigador. Lo primero es conocerlos. Así, las formas de análisis psicológico, historiográfico, heurístico y matemático, se agregan al grupo de posibilidades que aumentan posibilidades que aumentan posibilidades.


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